jueves, 9 de abril de 2015

Para ellos, eres mala en la cama cuando…


Es común escuchar las razones por las que un hombre es considerado malo en la cama. El rendimiento, la intimidad, la rapidez… En fin, cuántas veces no nos hemos quejado de todos estos factores. Pero alguna vez te has preguntado ¿qué cosas hacen que ellos piensen que eres mala en la cama?
Eres inhibida. Si te da pena que tu pareja te vea desnuda, que tengan sexo con la luz prendida o decir cosas subidas de tono, entre otras cosas es probable que él crea que no eres una muy buena amante. Rompe con estas inhibiciones, comienza sola en tu casa, camina sin ropa, mírate en el espejo, tócate, lee alguna novela erótica. Verás que cuando pierdas la pena no solo él sino tú también disfrutarás mucho más.
No decir lo que te gusta. A ellos les encanta saber qué te excita, dónde te gusta, cómo te gusta… Si no lo sabes, o no sabes guiarlo, él se siente frustrado. Así que si es porque no sabes, esta noche tienes de tarea tocar, descubrir y disfrutar solita para que te vayas conociendo. Si no te atreves a decirlo empieza poco a poco. No le digas las cosas más fuertes que se te ocurran, comienza sin palabras y dirígelo con tus manos.
Nunca tomas el control. Sí, a ellos les gusta una mujer con iniciativa y que tome control sobre su propio placer. No se trata de que de la noche a la mañana te conviertas en una dominatrix total pero no le dejes todo el trabajo a él. Bésalo de la nada, quítale la ropa, aplica posiciones como la de la mujer arriba.
Te ríes mucho o no dices nada. Los extremos nunca son buenos. Está bien reirte un poco mientras tienen sexo, no tiene nada de malo, de hecho hasta les parece sexy. Sin embargo, cuando la risa es el factor constante y no paras de hacer sonidos nerviosos resulta irritante. Ahora bien, él quiere saber si lo disfrutas, él se esfuerza para escucharte gemir de placer, si te quedas callada lo único que provocas es que se desmotive. No se trata de que te conviertas en una estrella porno y despiertes a los vecinos, pero comienza con uno que otro gemido y poco a poco le irás perdiendo el miedo a esos gritos tan sexys.
Preguntas todo. Está bien preguntarle cosas como qué tanta intensidad resiste o si le gustaría experimentar algo nuevo, pero cuando las preguntas delatan inseguridad y no te atreves a experimentar nada sin preguntarle, se trata de un mata pasiones. Sé espontánea, creativa y atrévete. Trata de no preguntar a menos que vayas a hacer algo un poco más extremo.

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