viernes, 4 de abril de 2014

La caridad surge en la primera infancia

(http://www.tendencias21.net)

¿Por qué todas las sociedades reconocen que sus miembros más pobres merecen el apoyo de los que están en mejor situación? Un nuevo estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Munich, en Alemania (LMU Munich) arroja nueva luz sobre las raíces sociales y cognitivas de la caridad. 

En el famoso cuento de Charles Dickens “Canción de Navidad”, al avaro protagonista, el señor Ebenezer Scrooge, no le importan los demás, sólo los negocios y ganar dinero. Cuando van a pedirle dinero para los pobres, Scrooge se niega a ayudarlos.

Pero, una noche, en víspera de Navidad, Scrooge recibe la visita de varios fantasmas que le cuentan los verdaderos efectos de sus acciones. El señor Scrooge al final recapacita y se vuelve caritativo.

Dickens recurrió en su narración a medidas drásticas para enseñar a Scrooge lo que los niños más pequeños ya poseen: el deseo de compartir con los más necesitados. Al menos esto es lo que ha revelado un estudio llevado a cabo bajo la dirección del psicólogo de la LMU, Markus Paulus.

Según esta investigación, con sólo cinco años de edad, los niños ya presentan un comportamiento caritativo. El trabajo hace una contribución importante al debate existente sobre de si el impulso de ser caritativo tiene sus raíces en las primeras etapas del desarrollo infantil o, por el contrario, es producto de un proceso de socialización y educación duradero. Según Paulus, sus experimentos muestran que la caridad tiene su origen en la primera infancia.

Ayudar al oso “pobre”

En un artículo aparecido en Frontiers of Psichology el científico describe dichos experimentos. En éstos se dio a niños de tres y cinco años una serie de pegatinas que podían compartir con dos osos de peluche con sendos álbumes.

El álbum del oso de peluche “rico” ya estaba repleto de pegatinas, mientras que el del oso de peluche “pobre” sólo tenía unas pcas. En diferentes experimentos, los niños recibieron diferentes instrucciones sobre cómo podían compartir esas pegatinas.

Por ejemplo, podrían decidir dar una pegatina a cualquiera de los dos osos y tres al otro o dar dos de sus pegatinas a cada uno.

En todos los experimentos, los niños de cinco años dieron siempre la mayoría de sus pegatinas al oso de peluche “pobre”. Los niños de tres años, en cambio, generalmente no hicieron distinción entre ambos osos, y mostraron poca tendencia a favorecer al destinatario más pobre. De hecho, este grupo se inclinó a ser más generoso con el oso de peluche “rico”.

"Sabemos por estudios previos que los niños y las niñas de cinco años ya presentan un marcado sentido de la justicia y que, cuando se trata de compartir, se encargan de hacerlo equitativamente. Sin embargo, si uno de los destinatarios tiene mucho menos que otros, los niños superan esta inclinación y dan relativamente más a quien se encuentra en desventaja " , asegura Paulus en un comunicado de la LMU.

Los resultados de estos nuevos experimentos muestran que la capacidad de distinguir según necesidad se desarrolla entre los tres y cinco años. "Esto demuestra que la inclinación a ser caritativo tiene fuertes raíces en el desarrollo de los niños en edad prescolar", concluye el investigador.

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