jueves, 10 de marzo de 2016

Hacer de tu vida una rutina provoca la muerte progresiva de tu cerebro

El experto en neurociencias aplicadas Néstor Braidot tiene un gimnasio del cerebro en el que entrena a directivos para desarrollar mayor velocidad de procesamiento de la información, atención, memoria, inteligencia creativa y autoliderazgo emocional
Braidot asegura que si «jubilamos» nuestra vida antes de tiempo, hacemos que en el cerebro desaparezca aquello que no se utiliza, razón por la cual se vive un proceso de destrucción de entramados neuronales
Imagine que un amigo le cancela los planes porque le ha dicho, ya por enésima vez, que va a empezar el gimnasio. ¿Un escenario frecuente, verdad? Pero, ¿y si le dijera: «No puedo quedar hoy, tengo que ir al gimnasio del cerebro»?
Puede parecer una broma, pero no. El cerebro del gimnasio existe y es tan necesario, o más, que el que todos conocemos.
Al igual que sucede, por ejemplo, cuando levantamos peso o salimos a correr, que nuestros músculos aumentan y se fortalecen, lo mismo sucede con el cerebro cuando lo «entrenamos». Lógicamente, no haremos ejercicios físicos, sino intelectuales. Se ha comprobado que la exigencia intelectual evita el deterioro de las funciones ejecutivas del cerebro cuyo funcionamiento es crucial para razonar, memorizar, hallar rápidamente las relaciones entre los hechos y tomar decisiones, según explica Néstor Braidoten su libro «Mejora tu agilidad mental en una semana».
Braidot, experto en neurociencias aplicadas, señala la necesidad de ejercitar nuestro cerebro y de los peligros de caer en la rutina sin «mover el cerebro» (igual que si nos quedamos en casa en vez de salir a hacer footing). «Imagina que siempre haces el mismo camino para ir y volver a casa del trabajo, que siempre te sientas a comer en el mismo lugar de la mesa, que pones el mismo programa de televisión...La persona que rutiniza su vida o que "jubila su vida antes de tiempo” hace que en su cerebro desaparezca aquello que no se utiliza, razón por la cual se vive un proceso de destrucción de entramados neuronales, llevándonos a una muerte funcional progresiva del cerebro mientras aumenta la resistencia al cambio».
«No puede haber un gran profesional si este no medita, al menos, 15 minutos dos veces por día»
Braidot tiene un gimnasio del cerebro. En él se proponen entrenamientos para desarrollar capacidades cerebrales: habilidades intelectuales, como velocidad de procesamiento de la información,atención, memoria, inteligencia creativa pero también, autoliderazgo emocional... «En el gimnasio del cerebro, hacemos un diagnóstico de la persona evaluando sus capacidades neurocognitivas (concentración, por ejemplo). Después, hacemos un entrenamiento de aquellas variables que cada persona necesita desarrollar haciendo ejercicios que permitan liderar el propio comportamiento. Estos ejercicios van desde prácticas en el ordenador, en un papel, de atención y concentración (por ejemplo, detectar una letra o una palabra en un conjunto de ellas) pasando por la respiración y la meditación». Sus alumnos van desde estudiantes que necesitan concentrarse para hacer sus deberes hasta directivos. Braidot trabaja presencialmente con CEO (directores ejecutivos) para ayudarles a tomar decisiones y gestionar equipos de personas. «Hoy, a niveles directivos no puede haber un gran profesional si este no medita al menos 15 minutos dos veces por día». Lo mismo con la respiración. «Es importante para facilitar la alimentación de oxígeno al cuerpo, y por supuesto, al cerebro».

No dejar las emociones en casa...llevarlas al trabajo

Braidot tiene como especialidad el entrenamiento de directivos y habla con soltura de términos que suenan a manual gordo y aburrido: neuroliderazgo, neuromanagement... Sin embargo, detrás de estos términos está quizás la clave de lo que se está haciendo mal en las empresas para vender un producto, expandirse o, simplemente y lo que es quizás más importante,generar un buen clima de trabajo.
«El neuromanagement es la aplicación de las neurociencias cognitivas a la conducción de las organizaciones. El neuroliderazgo supone liderar el comportamiento de un grupo de personas desde el conocimiento de cómo son sus cerebros y cómo es el del líder. Puedo estimular a una persona desde el hemisferio que predomina más en ella: derecho (más lógico) o el izquierdo (más emocional). También puedo estimular el contrario en función de lo que quiera comunicar. Si quiero contratar a alguien y le digo que quiero que trabaje conmigo, que cuento con ella para un proyecto que le va a gustar estoy apuntando más a lo emocional que si le hablo directamente de dinero y objetivos. En este sentido, es importante saber que es el propio líder el que también tiene que conocerse a sí mismo, desasociarse y dirigirse hacia sí desde fuera», ejemplifica Braidot.
También echa por tierra la idea de para liderar hay que dejar fuera las emociones. En su libro, «Neuromanagement», cita el caso presentado por el neurólogo portugués António Damásio, llamado el «caso Elliot». Se trata de un empresario (nombre ficticio) que sufrió un tumor cerebral que afectaba la región ventromedial de su lóbulo frontal. Luego de ser intervenido quirúrgicamente, se comprobó que Elliot tenía dificultades para sentir (no se inmutaba ante imágenes desagradables, no se conmovía ante nada, etc). Al retomar su vida laboral, Elliot tuvo muchos problemas para tomar decisiones. Al analizar las causas, se descubrió que el problema era, precisamente, la ausencia de emociones.

«Lo que eres depende de los has hecho»

También, con la idea de que podemos entrenar y condicionar a nuestro cerebro dándole la información adecuada se echa por tierra la idea del líder innato. Braidot no niega que haya gente que nace con más capacidades para hacer cosas que otros. «El hijo de Bach tenía predisposición a la música durante los nueve meses de gestación ya que estuvo al lado de un piano...Pero el cerebro se puede adecuar a ello a lo que ha sido estimulado o cambiar, en definitiva, puedo tener más o menos dificultades, más o menos condiciones pero lo que eres depende más de lo que has hecho de lo que has recibido».
Braidot insiste en la necesidad de cambiar el curso de nuestras vidas si no estamos contentos con ella y «engañar» en ese camino al cerebro. Es decir, la información que le demos definitivamente influirá en los resultados que consigamos. Pone como ejemplo una reunión en la que tengamos que decir cuán bueno es lo que hemos hecho o lo que queremos vender. «Si entras con una expectativa de que será un fracaso, tu comportamiento será el de una persona que ve un fracaso y finalmente, será así, e incluso, te darás palmadas diciendo que tenías razón en pensar mal. Esto no quiere decir que se modifica todo, pero si vas con buena actitud podrás generar un cambio y provocarlo en tus interlocutores».
El cerebro no piensa en una respuesta original para cada situación, sino que «tira» de lo que ya tiene
Pero en este camino hacia el entrenamiento cerebral hay un gran obstáculo: la resistencia del cerebro al cambio. Braidot llama a este órgano un «avaro» puesto que intenta por todos los medios economizar su energía. «Somos memorias ambulantes, todo lo que hacemos se acumula, se va grabando a través de conexiones neuronales. Cuando ocurre algo nuevo, se activa una memoria asociada a aquello que nos estimula». Es decir, el cerebro no piensa en una respuesta original para cada situación, sino que «tira» de lo que ya tiene.
Por eso, Braidot también estimula en su gimnasio una mayor capacidad de percepción, es decir, que se perciba más de la misma cosa (por ejemplo, uno de los ejercicios consiste en mirar una película sin sonido o sin imagen...) ya que al ampliar la capacidad, ampliamos las conexiones, que a su vez aumentan las posibilidades de éxito en la toma de decisiones. «Si desarrollamos más percepción y si concentro mi atención en algo, voy a resolverlo mejor porque tengo más fuerza cognitiva aplicada a eso. Es algo de lo que le sucede, por ejemplo, a los músicos que tienen hipertrofia auditiva o a los taxistas de Londres, que se verificó que tienen hipertrofia visoespacial».
En esta resistencia al cambio juega un papel importante la llamadaneuroplasticidad cerebral, es decir, que pese a la resistencia biológica al cambio o a la tendencia que tenemos a ser algo así como poco originales, contamos con otra herramienta y es la capacidad del cerebro de cambiar con cada experiencia, circunstancia, estímulo externo generando un entramado neuronal nuevo.
ABC

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