lunes, 12 de octubre de 2015

Entre los cuervos hay colaboración avanzada... y unos cuantos vividores

Vividores, gorrones, caraduras y otros calificativos se aplican comúnmente a individuos humanos que se aprovechan de los recursos de los demás pero no les corresponden cuando es su turno de ayudar. En los cuervos, la colaboración alcanza niveles sofisticados pero también se da el fenómeno de los vividores, y estos son detectados y marginados por los demás, como se ha comprobado en una nueva investigación.

Varios estudios recientes ya han revelado que los cuervos se hallan entre las especies de pájaros más inteligentes e incluso entre las especies en general. El equipo de Jorg Massen, de la Universidad de Viena en Austria, añade ahora la cooperación selectiva al ya impresionante currículum de los cuervos. En el ámbito silvestre, ya se sabía que los cuervos son capaces de cooperar cuando, por ejemplo, necesitan hacer frente a un depredador mediante la estrategia de atacarle en grupo hasta lograr hacerle huir. Mediante unos ingeniosos experimentos con cuervos cautivos, ahora ha sido posible investigar cuán selectivos son al escoger individuos con los que cooperar.

En el experimento, dos cuervos tenían que tirar simultáneamente de dos extremos de una cuerda para deslizar una plataforma con dos trozos de queso a los que así poder alcanzar. Si solo tiraba un único individuo, la cuerda se acababa deslizando fuera de la plataforma y los pájaros se quedaban sin queso. Sin ningún tipo de adiestramiento, los cuervos resolvieron la tarea de forma espontánea y cooperaron exitosamente. Sin embargo, resultó que no lo hacían igualmente bien con todo el mundo, y que preferían trabajar más con amigos que con enemigos.
A través de la cooperación, los cuervos podían conseguir un trozo de queso cada uno. (Foto: Jorg Massen, Universität Wien)


Lo más interesante ocurría cuando uno de los dos pájaros hacía trampa y en vez de tomar solo su propia recompensa, robaba también la de su compañero. Las víctimas de tales estafas se daban cuenta inmediatamente de la calaña de su fallido socio y no tardaban en desertar de la alianza ante pruebas posteriores junto al mismo individuo. Asumían que no era de fiar y que por tanto no valía la pena trabajar en equipo con él porque la recompensa final estaba seriamente amenazada. De ese modo, el destino de los caraduras era acabar siendo marginados por sus compañeros. Esta conducta de rechazo a los vividores y cooperación preferente con los honrados había sido vista anteriormente solo en humanos y chimpancés.

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