jueves, 19 de noviembre de 2015

EE.UU. autoriza el primer animal transgénico para consumo humano: un «supersalmón» que crece el doble de rápido

La FDA da luz verde a un salmón que crece dos veces más rápido, el primer animal creado por la ingeniería genética que llegará al plato. Y no requerirá ningún etiquetado especial.

Varios grupos ecologistas y de consumidores denuncian que podría provocar daños ambientales - FDA
Dentro de poco, el salmón brillante sobre una cama de arroz de un restaurante japonés de barrio o los lomos de este pescado en el pasillo de congelados del supermercado podrán venir de un animal modificado por el hombre en un laboratorio. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, en sus siglas en inglés) aprobó ayer el primer animal producto de la ingeniería genética para el consumo humano. Se trata de un salmón atlántico ideado por AquaBounty, una empresa de Massachusetts que ha logrado un pescado que crece el doble de rápido que el convencional.
El mundo devora 2.400 millones de toneladas al año del pez rosado, y el 70% crece en piscifactorías. El apetito insaciable por el salmón -un alimento demandado por su valor nutricional- se enfrenta a un problema: tarda tres años en alcanzar el tamaño idóneo para su consumo. El AquAdvantage Salmon -ese es el nombre oficial de la criatura modificada genéticamente- se desarrolla en entre 16 y 18 meses. AquaBounty lo ha conseguido al insertar un gen con la hormona de crecimiento de una variedad de salmón más grande -el Chinook- y un gen de un tipo de anguila oceánica en huevos fertilizados de salmón atlántico.
La empresa estadounidense lleva más de dos décadas tratando de que la FDA apruebe su salmón de laboratorio. La agencia estatal asegura ahora que «tras un análisis extensivo de los estudios científicos» el AquAdvantage Salmon es “seguro para su consumo”, que la modificación genética «es segura para el propio pez» y que la afirmación de que «crece más rápido» es cierta.
Además, la FDA no exige que este producto tenga un etiquetado especial. El criterio para que se avise a los consumidores de la modificación genética es que haya una «diferencia material» -por ejemplo, en su composición nutritiva- entre el modificado y el convencional, algo que no ocurre en este caso, según la agencia gubernamental.
El consejero delegado de AquaBounty, Ronald Stotish, celebró ayer la noticia a través de un comunicado, en el que aseguró que su salmón «es algo revolucionario que proporciona un alimento sano y nutritivo de una forma ecológica, sin daño a los océanos u otros hábitats marinos». La compañía recordó que EE.UU. importa el 95% del salmón que consume y que su ingeniería genética permitirá el desarrollo de una «industria doméstica económicamente viable» y que, además, será buena para el planeta: se podrá producir más cerca de los consumidores, reducirá la huella de carbono, ahorrará el impacto medioambiental de las piscificatorías y no sobreexplotará los océanos.
Pero para muchos -activistas de seguridad alimentaria, ecologistas o la industria pesquera convencional- no es un «supersalmón» que alimentará al mundo y salvará al planeta, sino un «Frankenpescado» lleno de riesgos. Se critica que no hay suficiente información sobre los efectos en la salud del consumo de organismos modificados genéticamente -aunque la FDA lleva décadas estudiándolos y forman parte de la cadena alimenticia, sobre todo a través del maíz y la soja transgénica que se utilizan como pienso-, que la aprobación abrirá la puerta al consumo de otros animales modificados genéticamente y que hay riesgo de desastre ecológico si los salmones modificados genéticamente contaminan a los convencionales.
En este sentido, la FDA asegura que no hay «un riesgo medioambiental significativo» por las medidas en las que AquaBounty aislará la producción de su salmón. Será en tanques de agua en tierra, con múltiples barreras físicas para impedir que se escapen los peces o los huevos. Además, la agencia asegura que todos los salmones serán estériles, por lo que «no podrán cruzarse o establecer poblaciones en libertad». No importa la cantidad de estudios científicos que haya, ese es el momento en el que todo el mundo se acuerda de «Jurassic Park».

PREGUNTAS

¿En qué se diferencia el salmón transgénico del convencional?
Un salmón atlántico tarda entre 32 y 36 meses en adquirir el tamaño idóneo para su consumo. Con la modificación genética, lo consigue en entre 16 y 18 meses.
¿Cuándo llegará al mercado?
AquaBounty, la empresa que lo ha creado, calcula que tardará dos años en producir los primeros salmones listos para su consumo.
¿El salmón modificado genéticamente, tendrá una etiqueta que avise al consumidor?
No. La FDA solo exige la etiqueta cuando haya una “diferencia material” entre el salmón modificado genéticamente y el convencional y asegura que no es el caso.
Si es seguro, ¿por qué ha tardado tanto su aprobación?
La FDA explica que se ha necesitado más tiempo por ser un proceso con una transparencia y una apertura al público “sin precedentes”, por requerir un estudio medioambiental y por tratarse de la primera aplicación -animal para consumo humano- de este tipo.
¿Es 100% seguro para el medioambiente? ¿Puede contaminar al salmón salvaj e?
Los grupos ecologistas han levantado la voz sobre una contaminación que sería irreparable, pero los estudios de la FDA dicen que el impacto medioambiental “no será significativo”.
¿El sabor o la textura serán diferentes que los del salmón normal?
La FDA considera que no hay ninguna información que muestre diferencias “de forma significativa o uniforme” entre ambos tipos de salmón.
¿Dónde se producirá?
La FDA solo ha aprobado dos plantas para su producción. Una para la creación de huevos en Canadá -hay un juicio en marcha para evitar que opere- y otra en Panamá para producir los salmones.
¿Será más barato?
Ni la FDA ni AquaBounty tienen datos sobre el precio de mercado en el futuro, pero la empresa asegura que el sistema “incrementa la productividad” y “reduce costes”.
ABC

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