martes, 21 de julio de 2015

«Loverboy»: el hombre del que toda mujer debería huir

Su misión es enamorar a la chica hasta el punto de que renuncie a toda su vida. Después, la obliga a ejercer la prostitución


Son jóvenes, más o menos apuestos, con recursos económicos que vuelven al barrio con un coche de triunfador. Consiguen acercarse a su objetivo, generalmente una chica de entre 15 y 17 años recurriendo a su entorno más cercano. La seducen, se enamoran, entablan una relación de pareja. Le ofrece un futuro juntos allí mismo o en cualquier otro país. Ella acaba descubriendo que nada es lo que parece. Es un tratante de mujeres y la ha captado para explotación sexual. Está atrapada.
Es el 'loverboy', un perfil que la Brigada de la Policía Nacional especializada en Trata de Seres Humanos conoce bien y que encuadra específicamente en las redes que operan en provincias del interior de Rumanía, aunque es un fenómeno global que puede afectar a cualquier mujer del mundo, especialmente si es menor de edad, y ya sea vulnerable social y económicamente o a nivel emocional: La captación por redes sociales está a la orden del día.
«Allí puede ser más frecuente, pero no es una exclusiva de una determinada región sino que en las distintas rutas migratorias te encuentras esta figura con distintas características, en función de las victimas y la estructura de la red. La película española 'La isla mínima' es un caso de libro, la captación se lleva a cabo con un 'loverboy'», explica la investigadora María José Castaño.
En declaraciones a Europa Press, la autora del reciente informe 'El negocio del comercio con personas' del Servicio Jesuíta a Migrantes, se refiere al filme en el que un joven seduce a una chica, la explota y la coacciona con fotografías. «Está mucho más extendido de lo que parece. En Holanda tienen un problema bastante acuciante. El fenómeno en España con víctimas nacionales está muy poco estudiado y apenas han salido casos, pero los hay», señala la investigadora.
Tanto el relator de trata de Países Bajos como la Agencia Belga que estudia los flujos migratorios han emitido informes al respecto. En el caso de Bélgica, señala que las víctimas «son chicas entre 15 y 25 años con una percepción pobre o negativa de sí mismas», ya sean locales o foráneas, y que resultan «vulnerables a la especial atención que inicialmente reciben de estos chicos».

Redes internacionales

En España, el fenómeno se encuadra en las redes internacionales, en particular de Rumanía. «Estos chicos, jóvenes también, simulan que establecen una relación de pareja con una chica joven que normalmente está en situación de vulnerabilidad. Cuentan que tienen contactos en España, que conocen esto y que si ambos se vienen van a poder mejorar», explica Marta González, coordinadora del Proyecto Esperanza.
Esta ONG de Adoratrices especializada en la recuperación de mujeres vendidas y explotadas incide en que «con ese argumento y esa perspectiva de su relación, ellas acceden a venir». No es una decisión que tomen a la ligera, en muchos casos la relación ficticia se prolonga más de dos años, desde que el tratante entra en el círculo de la menor hasta que ella cumple 18 y él le propone una vida juntos.
«Los tratantes trabajan paciente y sistemáticamente y esperan hasta el momento en que la chica se ha convertido en completamente dependiente de ellos. Las fortalecen para cortar relaciones con su familia, sus amigos y sus conocidos. Las víctimas de este tipo acaban completamente aisladas y absolutamente dependientes de sus proxenetas», dice el citado informe de la Agencia Belga, fechado en 2013.
González incide en que «los tratantes y personas encargadas de captar a otras para explotación saben perfectamente jugar sus cartas y tienen una estrategia muy clara». «Se acercan a cada persona en función de su perfil, de su contexto, de su formación y su ámbito social. Igual que hay estudiantes universitarias que han sido captadas con falsos contratos de trabajo en prácticas para desarrollar su profesión, hay chicas a las que se las engaña de otra manera», afirma.
Destaca que «los tratantes se adaptan, es parte de su estrategia, parte de su negocio y parte del delito». En Nigeria se utiliza la amenaza del vudú, en Bulgaria, falsas escuelas de baile; en Paraguay, ofertas de trabajo en el servicio doméstico. En todos los casos hay siempre un engaño, porque aunque ella llegue a saber que se dedicará a la prostitución, «nunca imaginará que será en régimen de esclavitud». «Su consentimiento siempre estará viciado», añade Castaño.

Encerradas en España

Una vez en España acaban encerradas y sometidas a todo tipo de violencia hasta «doblegar su voluntad»: sin teléfono, sin pasaporte, sin nadie a quien pedir ayuda, en un lugar desconocido de un país extranjero cuyo idioma no entienden. De ahí, al lugar donde se las forzará a ejercer la prostitución, sea cual sea, para «pagar» con creces lo que su falso novio gastó en ellas. Se ven sin alternativa, dicen las fuentes policiales.
En algunos casos, el supuesto novio la ha vendido a un tercero al llegar y ha perdido todo vínculo con ella. En otros, es el propio 'loverboy' el que ejerce de proxeneta y controla la explotación sexual directamente o mediante colaboradores, que pueden ser mujeres que hayan pasado previamente por el mismo proceso y se 'libren' a costa de conseguir que «la nueva cumpla».
Al fin y al cabo, señalan los agentes, el recorrido de las víctimas de trata es corto, el deterioro físico se hace notar en cosa de tres años o cuatro años. Una sale de la rueda para que entre otra y el proceso sigue. El 'loverboy' vuelve y la historia empieza de nuevo, con otra adolescente embaucada en lo que parece una apuesta segura: no es raro que el viaje hasta España lo hagan incluso junto a sus supuestos 'suegros'.

Desgarro emocional

«Una característica de este tipo de captación es que para la mujer a nivel emocional es una situación muy complicada. Ella ha pensado que era una relación real, un compromiso real y mutuo de vida en común. Después de esa relación, de aceptar el enorme proyecto de emigrar y empezar tu vida con una persona, descubrir eso conlleva una carga emocional mucho mayor», explica González.
Por eso, la recuperación también es más complicada, pues como señala la experta, «cuanto mayor es el vínculo afectivo y cercano con la persona que te ha captado, engañado, utilizado y puesto en esa situación de explotación, el desgarro emocional y el daño puede ser mucho mayor». «Requiere trabajo psicológico, terapéutico y grupal. Si a todas las víctimas la trata les supone una quiebra de confianza, cuando esta viene de alguien así de cercano, mucho peor», apunta.
También lo es que denuncien, pues al haber estado esa persona en su entorno más cercano, la puede coaccionar con su familia. El enjuiciamiento tampoco es sencillo, se tiende a confundir con violencia de género y prostitución forzosa. Si el 'loverboy' vendió a la chica y desapareció, será difícil además establecer la relación.

La esclavitud no está tipificada

«Es un problema bastante grande confundir el fenómeno de la trata con otras perspectivas o términos que están relacionados con ella. Es una de las violaciones más graves de los Derechos Humanos, de la dignidad y la libertad de las personas. En algunos casos hay violencia de género, en otros crimen organizado, pero no sólo y no siempre. Esa forma de abordar el fenómeno lo que hace es confundirlo y minimizarlo», dice la investigadora.
Según plantea, si no hay forma de demostrar que ha habido trata -captación mediante engaños y traslado con el fin último de la explotación de la persona-, la víctima no va a poder tener una reparación justa ni adecuada, más allá de una condena por su prostitución coactiva, porque en España no están tipificados los delitos de esclavitud, de trabajos forzosos ni de servidumbre.
La experta reivindica la creación de una Ley Integral de Trata, pero incide en que «lo que falta es voluntad política» porque instrumentos existen y «se podría articular ya un sistema de respuesta».
ABC

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