domingo, 22 de febrero de 2015

De qué sirve enamorarse

El amor es una de esas cosas en la vida que uno no sabe si es invento del bien o del mal. Muchas personas buscan desesperadamente el amor, otros tantos huyen, y el resto simplemente espera que tarde o temprano les llegue el batacazo. 


Tal vez enamorarse es un invento del demonio, algo así como los postres, que uno los disfruta por un buen rato, se atraganta con ellos y por último termina padeciendo los efectos secundarios. Con el amor es algo parecido, uno se enamora, disfruta de las mieles del amor por un tiempo y luego termina padeciendo las consecuencias de haber cometido semejante error.

Los cachos, la tusa, la depresión, las palpitaciones, las borracheras, los desengaños, las llamadas borracho al amanecer, esa sensación de soledad, la falta de hambre, el exceso de pensamientos y un sinnúmero de situaciones más que llegan cuando esa vaina llamada amor se acaba, son síntomas de que tal vez este es un invento del mismísimo demonio.

Pero adentrémonos en el tema que nos atañe, de qué sirve enamorarse, tal vez enamorarse sirve para muchas cosas buenas en la vida, porque cuando uno se enamora todo parece andar a las mil maravillas, excepto por algunos “detallitos”. Así que a continuación haré un análisis de cinco de las situaciones que a mi parecer son críticas cuando uno se avienta en este abismo del enamoramiento:

1. Se aleja de los amigos

Sí, inevitablemente uno se aleja de los amigos, porque simplemente el tiempo que antes compartía con ellos y que en medio de la soltería uno tenía disponibilidad casi ilimitada ahora se reduce a pequeños espacios de tiempo. Las prioridades cambian, ya uno no quiere andar de pati-alegre por la vida perriando y parrandeando, sino que ahora quiere dedicarse a compartir tiempo con la pareja. Normaaaaaaalllllllllll, pero igual ninguno de los amigos lo entiende, al final uno termina entre la espada y la pared. Pero todos los amigos del mundo deberían dar por sentado que cuando uno se enamora se pierde, porque uno también les ha aguantado las perdidas a ellos. Pero también hay que saber hasta qué punto se llega, pues tampoco hay que echar al olvido a las personas que siempre estarán allí para nosotros.

2. Se apagan los arroces en bajo

Definitivamente cuando uno se mete en una relación obligatoriamente le toca apagar cualquier tipo de arroz en bajo que tenga, no importa si son uno o diez, todos los arroces deben quedar extintos. Este puede ser un gran inconveniente, pues la monogamia tal vez no sea el mejor camino para muchos que se quieren pasar la vida de cama en cama. Cuando uno no está seguro de poder ser fiel y haber quemado la etapa del culiprontismo es mejor no adentrarse en las hieles del amor.

3. Se arriesga a darse de jeta contra el mundo

Cuando uno se adentra en una relación también se está adentrando en una situación de sumo peligro, pues en cualquier momento se puede ir de jeta contra el mundo. Es una actitud fatalista, lo sé, pero es totalmente cierto. Cuando uno se enamora está poniendo en riesgo la tranquilidad, porque el juego ya se abre para dos y como uno no puede controlar lo que la otra persona piensa, siente y sobre todo hace, pues es allí donde cualquier cosa puede pasar. Para hacer hincapié en esta idea volvamos con las leyes cangrejianas que últimamente he tenido un poco descuidadas.

Ley Cangrejiana: No todas las historias de amor terminan mal, hay otras que terminan peor.

4. La tendencia es al engorde

Como lo dije en un artículo y ahora lo sostengo: el amor engorda. Sí, la tendencia cuando uno se mete en esas vainas del amor es al sobrepeso, uno comienza a tragar y a tragar como si no hubiese mañana. El sedentarismo también hace un gran aporte a la causa, pues mantener en planes relajados es el pan de cada día y muchas veces el sexo no es suficiente para bajar las lonjas de más que se van acumulando. Las idas a cine, las salidas a comer, el domicilio, la vaina de tragar echado en la cama y un sinfín de situaciones más que solo ayudan a que la acumulación de grasa aparezca tarde o temprano.

5. Se pierde la razón

Ya vimos atrás que cuando uno se enamora gana kilos pero por otro lado también pierde la razón. Y es que estar enamorado es perder un poco la cordura, es dejar de lado la racionalidad para volverse un ente a merced de los designios de una relación. En muchos casos el criterio de quien se enamora se ve afectado por los sentimientos y la voluntad de la otra parte y esto conlleva finalmente a un estado de aletargamiento mental que impide la aparición de cualquier tipo de razón. 

Moraleja Cangrejiana: enamorarse no es tan malo como parece, hay cosas peores. Si usted llega a caer en las hieles del amor no se asuste, no salga corriendo, igual no tiene escapatoria, más bien alístese para el tremendo lío en el que se metió.

Del blog "Historias de un Cangrejo"


En Twitter e Instagram - @CangrejoPerez

No hay comentarios:

Publicar un comentario