domingo, 8 de febrero de 2015

Ciudades, más verdes desde arriba y desde los costados



Una terraza cubierta parcial o totalmente de vegetación. Una pared viva, llena de especies de plantas y flora. Son las terrazas verdes y los jardines verticales, respectivamente, dos alternativas que están abriéndose paso en la construcción sustentable y que permiten desde aumentar el número de espacios verdes que las ciudades deben ofrecerle a quienes la habitan, hasta reducir la temperatura de sus edificaciones.
La Organización Mundial de la Salud sugiere a los centros urbanos contar con 9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. En Ecuador, en promedio, no se alcanzan los mínimos recomendados en las zonas urbanas. Existen unos 4,7 m² de espacios verdes por ciudadano, de acuerdo con el Índice Verde Urbano que elaboró el INEC en el 2012. Sin embargo, hay 10 cantones que los superan, entre ellos, Quito.
Cada uno de sus dos millones de habitantes cuenta con 20 m² de áreas verdes, aunque el 90% se encuentra en su zona rural. Verónica Arias, secretaria de Ambiente del Municipio quiteño, atribuye parte de ese logro a la instalación de terrazas verdes y jardines verticales que en los edificios municipales ya suman 1.500 m² y que permiten devolverle a la ciudad espacios verdes en donde no hay otras posibilidades de siembra de árboles.
Estas instalaciones integran la Red Verde Urbana que el cabildo quiteño está implementado para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y disminuir su huella de carbono que actualmente es de 5,1 millones de toneladas de CO2 anuales.
Iniciativas privadas también aportan. El mayor exponente es el centro comercial Scala Shopping, en Quito, que tiene un jardín vertical compuesto por cerca de 35.000 plantas que abarcan 830 m² y captan 482 toneladas de CO2 al año. A este se sumará la terraza verde de 400 m² del nuevo mall El Recreo, en el sur de la capital.
Guayaquil, según el Municipio, tiene 8 m² de área con vegetación por habitante. El INEC lo cifra en 1,13 m².
El arquitecto Rodolfo Rendón, director del Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable, resalta que en esta ciudad hay mucha facilidad para emprender estos proyectos, pero no se está aprovechando ese potencial porque se desconoce cómo utilizar estas herramientas y cuáles son sus ventajas. Con él concuerda Viviana Holguín, asesora técnica de Imptek, que fabrica sistemas de impermeabilización para las terrazas o cubiertas ajardinadas. “En Guayaquil, con tanto calor que hay, deberían ser más”, dice. Mayor demanda tienen en Quito.
Algunas viviendas en Guayaquil y Samborondón cuentan con estos espacios. En el perímetro urbano destacan el jardín vertical que recibe a los pasajeros de vuelos nacionales en el aeropuerto José Joaquín de Olmedo. También está la sucursal del Banco Bolivariano –obra de Rendón– en la av. Samborondón, que tiene una terraza con árboles de mango que ayudan a reflectar el calor del sol para que no traspase al edificio.
Joan Proaño, gerente de la constructora Proaño Proaño, explica que cualquier edificación que cuente con una terraza puede ajardinarse, pero debe analizarse si soportará el peso extra: la capa de impermeabilización para que no se filtre el aguahacia los pisos inferiores y que las raíces no rompan el hormigón, la drenante, la filtrante, el sustrato y la vegetación.
El costo de instalación por metro cuadrado en su empresa es de $ 60, aunque varía acorde con el sistema de impermeabilización y al estado en el cual esté la terraza. No es lo mismo adaptar una ya existente que construir una desde cero.
Marcelo Espinosa, director de Greenstar, empresa de diseño y mantenimiento de áreas verdes que maneja el jardín vertical del Scala Shopping, dice que la instalación por m² de los jardines verticales está entre los $ 200 y los $ 400, costo que varía dependiendo del tamaño, ubicación y tipos de especies, que tanto para estos como para las terrazas verdes suelen ser nativas y seleccionarse tomando en cuenta factores como la altura (hay especies para Costa y otras para Sierra). Aunque a mayor volumen de jardín, el costo disminuye.
En ambos casos el rubro por mantenimiento es como el de un jardín tradicional. También comparten beneficios como captar CO2. Un metro cuadrado de jardín vertical, por ejemplo, procesa 1,97 toneladas de CO2 y brinda el oxígeno que requiere una persona durante un año.
Los especialistas consultados concuerdan en que la mayor ventaja es la disminución de la temperatura. Félix Chunga, docente de la Facultad de Arquitectura de la U. Católica de Guayaquil, dice que la reduce hasta en un 50%. Lo que, a su vez, ayuda a apaciguar los efectos del calentamiento global. Asimismo, el ruido se reduce en un 40%.
Proaño añade que las terrazas, en particular, previenen inundaciones. Al absorber agua lluvia, pueden minimizar hasta en un 90% la que termina en las alcantarillas. (I)
Las terrazas verdes y los jardines verticales se convierten en hábitats para flora y fauna nativas y migratorias.

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